Más allá de jugar un excelente Repechaje. Más allá de la firmeza que tenía el equipo. Más allá de que para La digna derrota ante el seleccionado local por 26-28, 25-13, 25-19, 17-25 y 20-18 deja sin chances a los argentinos para seguir soñando con la cita mundial más importante del año. Y chau Beijing.
Para explicar el por qué hay que limpiarse las lágrimas y viajar con la mente a los recuerdos, que por si no son muy buenos, de aquel 6 de enero de 2008 en la provincia de Formosa cuando los Reyes Magos no llegaron para los chicos nuestros y cayeron 23-25, 25-23, 25-20 y 25-16 ante el combinado venezolano. ¡Esa era la chance!
Pero ahora ya está. Borrón y cuenta nueva. No sirve de nada
lamentarse de algo que no tiene vuelta atrás. Hay que mirar para adelante, y en ese levantar la vista se ve el vació porque
¿Será el fin del ciclo de Uriarte como entrenador del seleccionado? Creo que es la única certeza que hoy por hoy se escucha por los pasillos de
Basta de resignación y culpa. Hay mucho por hacer y no hay tiempo que perder. Que siga el Show.

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